UNA NOCHE MÁS, LA LEYENDA FUE REAL


1. Los onces iniciales apostaban por el buen trato del balón y el juego asociativo. Isco dejaba fuera a Bale en un intento de Zidane por el equilibrio, control y sometimiento al PSG a través de posesiones largas y continuadas. El técnico francés alineaba a cuatro centrocampistas para asistir a Ronaldo y Benzema. Emery eligió la juventud de Lo Celso en el pivote de su 4-3-3 en favor de la calidad en la base de la jugada. El argentino tiene alma de mediapunta y defraudaría en un puesto que exige oficio y grandes dotes posicionales y defensivas.

2. Pronto un Madrid paciente pero intenso, con superioridad numérica en el centro del campo, intentaría imponerse a un PSG vertical e incapaz de alargar sus posesiones ante la insistente presión madridista. Isco potenciaba el juego interior, le daba continuidad entre líneas, apareciendo a lo ancho del terreno por delante de Kroos y Modric. Mediada la primera mitad, Emery se sacudió el dominio blanco equilibrando a su equipo con una línea de cinco medios en fase defensiva: retrasaba a Neymar y Mbappé para sumarlos a los tres centrocampistas Lo Celso-Rabiot-Verratti. Pero en ataque, seguían siendo un equipo inconsistente, solo amenazante a la contra, muy dependiente de las individualidades de Ney y Mbappé por fuera, obligados a ser autosuficientes para crear y acabar las jugadas a una velocidad supersónica. En una de Mbappé,  Rabiot hizo el 1-0 en el 32. Excesivo premio para los méritos contraídos.

3. El Madrid acusó el golpe emocional del gol parisino. La escasa movilidad de Ronaldo y Benzema permitía su marcaje a los centrales Kimpembe y Marquinhos sin tener que abandonar sus zonas. Pero la candidez y falta de cocción de Lo Celso le permitió hacer un penalty a Kroos para que Ronaldo igualase en el 44 (1-1). Primer tiempo de superioridad merengue sin conversión en ocasiones de gol y de peligrosas señales del PSG cuando conseguía llevar el balón hasta Neymar y Mbappé en el último tercio del campo.

4. Tras el descanso, la caída de tensión defensiva del Madrid permitía al PSG asentarse en campo rival y adueñarse del partido. Dani Alves ganó altura y empujó hacia adelante a los interiores Verrati y, sobre todo, Rabiot. Los franceses mandaban cerca del área de Keylor. Llegaba el  enésimo desmayo futbolístico del Madrid de las segundas partes. Isco insitía en abarcar todas las zonas del campo, incluso bajaba a recoger el balón a los centrales Ramos y Varane. Esto le castigaba físicamente y diluía su influencia en el juego. Ya le faltaba frescura al pisar tres cuartos de campo, donde de verdad es determinante. El malagueño necesita delimitar su espacio de actuación. La escasez de producción ofensiva de su equipo le hace depender en demasía de su creatividad y necesita emplear correctamente su energía.

5. El PSG acentuó su mandato en el partido. Disponía de un espacio y tiempo para combinar que el Madrid le había negado en la primera parte . Zidane tuvo que intervenir: Lucas Vázquez y Asensio por Isco y Casemiro. Decisión absolutamente impactactante en el partido. Modrid y Kroos se bastan para sostener  el centro del campo. Lucas y Asensio son hombres específicos de banda que dieron una amplitud y verticalidad necesarias ante un equipo con problemas defensivos en sus laterales -sobre todo Alves-. Además, aportaron sacrificio para las ayudas a los laterales  NachoMarcelo frente a las dos balas Neymar-Mbappé. En situaciones así se puede prescindir de Casemiro y Zizou lo hizo. Dos jugadas de Asensio sirvieron los goles a Ronaldo (1-2) y a Marcelo (1-3). El balear formó con el lateral  brasileño un cocktail explosivo que dinamitó el partido. El juego del Madrid, de nuevo había sido reanimado por la energía y frescura de Lucas y Asensio.

6. Volvía a pesar la historia y el escudo para desnivelar un partido equilibrado con fases de alternancia en su dominio, ante un PSG plagado de estrellas y escaso de experiencia y tradición en la competición. La fe y  la mística rescataron al Madrid y hundieron al PSG. En Copa de Europa, una noche más, la leyenda fue Real. 

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