EL BARCELONA ROMPE EL MAL FARIO DE ANOETA

 

6 tiros

 

1. Sorprendente once inicial de Valverde al colocar en un 4-4-2 a Paulinho y André Gomes en la banda derecha e izquierda, respectivamente, del medio campo. Con el portugués intentó ayudar a Jordi Alba en las acometidas del lateral donostiarra Odriozola y el experimento no pudo dar peor resultado. Por una vez, el “Txingurri” anteponía el equilibrio defensivo al intento de desequilibrar al rival, conducta antinatural, ajena a sus jugadores, que además suponía la exclusión de Iniesta. Y sin el manchego, el equipo pierde volumen y calidad de juego.
La banda derecha de la Real sería el origen de todos los males de los culés. Allí, Canales, la invasión de Xabi Prieto desde la media punta y las incorporaciones de Odriozola destrozaron a Alba y al malogrado André Gómes, con una continua superioridad numérica y posicional. Pronto llegó el primer gol (min. 10): Willian José lo anotaba con un testarazo a centro de Xabi Prieto, como no, desde la derecha.

2. La Real creció anestesiando al Barcelona con su propia medicina: un  juego asociativo innegociable ni ante la alta presión visitante. Le hacía sentirse defensor, papel que desconoce absolutamente el cuadro de Valverde. Y es que la intensidad defensiva txuri-urdin era excesiva para jugadores como Paulinho o André  Gomes, limitados técnicamente para la recepción, protección y giro en espacios reducidos, siempre recibiendo de espaldas al área rival. El brasileño aporta verticalidad, profundidad y remate, pero erosiona el control y la calidad del juego posicional de su equipo. Todo agravado por la ausencia de quién suele compensar este déficit: Andrés Iniesta. Mientras, la Real a lo suyo. Juanmi hacía el 2-0 en el 33. Los pájaros disparaban a las escopetas.

3. Valverde había cambiado su plan. No priorizó en medio campo la calidad y seguridad en el pase, intentó protegerse con la fuerza más que con la posesión del balón. Su equipo defendía con la acumulación de hombres pero sin calidad táctica defensiva, en lugar de hacerlo con la tenencia de la pelota, algo casi imposible con la presencia simultánea de Paulinho y André Gomes en el terreno de juego. Solo jugaban de cara a campo rival Busquets y Rakitic, muy alejados de Messi y Suárez. Ausente Iniesta, la desconexión de Leo con la pelota suponía un lastre futbolístico y psicológico para los azulgranas. La Real había conseguido algo al alcance de muy pocos: quitarle el balón y la iniciativa al Barcelona.
A pesar de todo, Paulinho anotó el 2-1 (min. 38) llegando y rematando un pase de Suárez. Paulinho en estado puro. Jugada de transición rápida tras robo y no producto del modelo de ataque habitual. Extraordinaria renta para una mala inversión que tendría un gran impacto en el devenir del partido.

4. Tras el descanso, la aparición de la fatiga hizo descender  la intensidad defensiva de la Real y eso es conceder  demasiado ante un rival en este estado emocional y futbolístico. Si los pases en el primer tiempo no habían supuesto ventaja táctica alguna para el Barcelona, había que superar líneas rivales en conducción y esperar que aparecieran nuevas y favorables situaciones. Sergi Roberto lo hizo en el 49. Batió la línea media de la Real, fijó, dividió rivales y entregó a Messi el primer balón de cara, en carrera y con espacio. Demasiadas prebendas. Leo pasó  a Suárez para que hiciera  el empate con una bella vaselina (2-2). El fútbol, como si de viento se tratase, cambió de dirección. El Barcelona ya conseguía girar a la Real hacía su área y le obligaba a correr hacia atrás, algo ajeno a su modelo de juego, extraordinariamente ofensivo y que se nutría de una pelota que los culés le habían  robado.

5. En el 64 Dembelé sustituyó a Paulinho volviendo al tradicional 4-3-3. Enseguida su equipo presumiría de la diferencia técnica y de profundidad entre francés y brasileño. El Barcelona se instalaba definitivamente en campo rival para buscar con insistencia la victoria. Suárez aprovechó un error en el saque del meta Rulli para hacer el 2-3 en el 70. Entre dos modelos similares, con propuestas y esfuerzos parecidos, el marcador volvía a sonreír a la calidad individual, a la pegada.

6. En el 84, Messi puso la guinda con un magistral lanzamiento de falta (2-4). Sin excesivo brillo, fue el espíritu competitivo quién rescató al equipo azulgrana que levantó un partido muy complicado en un escenario donde no  conseguía ganar en la última década. Fin del mal fario de Anoeta.

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