RC CELTA DE VIGO, 2 – REAL MADRID CF, 2

6 tiros

1. Las ausencias de Carvajal y sobre todo, de Ramos no llegaron en la noche más adecuada. Frente estaban Pione Sisto, mejor asistente de la Liga; Maxi López, extraordinario cabeceador y baluarte en el juego de contacto y un celestial Iago Aspas, futbolista total. Varane no es Varane sin Ramos, su referencia, protector y mentor en el campo. La baja del sevillano lastró el sistema defensivo blanco y le otorgó una fragilidad palmaria.

2. La inclusión en el once de Bale iba a traer agradables consecuencias para el Real Madrid. Ante un Celta habituado a desarrollar su fútbol en campo rival, con un juego asociativo, bloque adelantado y los consecuentes espacios atrás; el galés resultó ser el Salvador de la derrota ante la orfandad goleadora de Ronaldo, ausente toda la noche. Gareth estuvo dinámico, profundo, amenazante. Su intimidación a los centrales celestes permitía unos espacios a la espalda del pivote Radoja que Isco aprovechó intermitentemente para desarrollar su fútbol.

3. En el minuto 32, una estéril bicicleta de Ronaldo permitió a Aspas habilitar a Wass para batir a Navas de vaselina (1-0). Letal contraataque. La posición de Casemiro tras el error de Cristiano, lejos de la zona donde debe equilibrar y corregir, certificó como el equipo blanco no se ordenaba atacando ni se preparaba para posibles contras en caso de pérdida mientras avanzaba con la pelota. La contribución anímica del gol hizo olvidarse al Celta de que en Balaídos estaba Bale. En dos minutos -35 y 37- el galés volteó el marcador. Fin de la primera mitad.
Partido correcto, igualado, aseado en los ataques y frágil en las defensas. La diferencia de talonario y no de juego había desequilibrado el marcador.

4. En la reanudación, el Celta dio un paso adelante y el Madrid dos hacia atrás. El dominio y control del juego celtiña parecía insuficiente para dar la vuelta al partido. Aún así, en el 70 Navas paró un penalty a Aspas. Unzué agitó el árbol: Lobotka por Radoja en el medio centro y Emre Mor por Sisto, minuto 72. Se agudizó el acoso del Celta, que sometió y empujó al Madrid sobre su área. En el 75 Zidane prescinde de la pausa y el control de Isco y Modric para apostar por la verticalidad de Kovacic y Lucas Vázquez. Concedió definitivamente la iniciativa a un Celta volcado en ataque con la esperanza de rematarle a la contra. La creencia de los gallegos en su modelo y su insistencia les llevó al empate (2-2) de Maxi Gómez en el 81.

5. Nuevo tropiezo blanco que le condena en la Liga. Las bajas de Ramos y Carvajal condicionaron sobremanera su línea defensiva. Pero es en su modelo de juego donde no se aprecian series de pases trabajados, movimientos para la creación y ocupación de espacios, planes para obtener ventajas tácticas. Parece todo confiado a la inspiración y a la calidad individual de los jugadores. Es como un plan vago, repleto de fe y esperanza. Esto es menos fiable que un verdadero plan entrenado. Es más seguro disponer de una identidad futbolística reconocible que en Balaídos no existió. Su juego parece empobrecer semana a semana. Además, el equipo adoleció de falta de control, en parte por el preocupante estado de Kroos. Esto genera una inestabilidad en el juego que deriva en la ida y vuelta y en el consiguiente intercambio de golpes. Casi siempre le ha salvado la condición de contar con los mejores púgiles. Pero en Vigo, se cumplió una máxima: cuando el balón va muy rápido, vuelve a la misma velocidad.

6. Zidane hizo a estos jugadores doble campeones de Europa y de Liga. Tras la destitución de Benítez, recuperó a un equipo reducido a escombros. Entonces, su excepcional trabajo fue más de gestión de grupo, de estado de ánimo. Ahora el reto es de naturaleza deportiva, táctica, de funcionamiento colectivo. Veremos su respuesta.

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