Triunfo gris y ajustado de España ante Bielorrusia

españa bielorrusia

*Twitter: @FDescifrado

Victoria de la Selección Española ante Bielorrusia sin brillo y con pasaporte virtual al
Mundial de Brasil. Repetición de capítulos pasados ante equipos de baja gama que alejó
a La Roja de su mejor versión futbolística.

España con su habitual sistema 4-3-3. Busquets sostenía a los interiores Cesc y Xavi.
Arriba, Pedro y Silva flanqueaban al debutante Michu en la posición de delantero centro.
Bielorrusia se atrincheraba en el borde del área con una línea de cinco defensas y muy
próximos a ella, cuatro centrocampistas cerrados que despreciaban las bandas. Dejaban
a Rodionov sólo en punta.

Los visitantes sabedores de su déficit de calidad para disputar la pelota a los españoles,
priorizaban la faceta defensiva y construían su estrategia sobre ella. No renunciaron a
puntuales contragolpes con cierto criterio que alteraban la tranquilidad y confianza
defensiva de España. Obstruían las vías interiores con tres centrales y dos pivotes muy
defensivos (Dragun y Tigorev), e invitaban a los locales a avanzar por fuera. Interesante
invitación que Del Bosque incomprensiblemente despreció.

Al inicio se apreciaron detalles tácticos esperanzadores en el intento español de derribar
el muro bielorruso. Cesc se desplazaba a la derecha para juntarse con Xavi en zona de
3/4 y habilitar espacio para las arrancadas en diagonal de Pedro desde la izquierda. El
canario, eléctrico e incisivo toda la noche protagonizaba el ataque español. Busquets, con
pases verticales, también lograba superar la hermética línea de medios rival. Eran, todos,
sucesos tácticos coyunturales. El problema de España sería estructural.

La proximidad entre las líneas defensiva y de medios de Bielorrusia impedía a la
elaboración de España crear superioridad numérica o al menos posicional detrás de los
centrocampistas rivales, para llevar el balón hasta allí con ventaja táctica. Simplemente no
existían espacios. Pero España insistía en el sometimiento al rival por dentro renunciando
a las posibilidades que Bielorrusia le ofrecía para buscar más velocidad y verticalidad por
fuera, donde sólo ocupaban los laterales Balanovich y Bordachev.

Del Bosque, con su alineación, ya había mostrado sus intenciones de despreciar la
amplitud y profundidad de su ataque. Las aportaciones ofensivas de Arbeloa en el lateral
derecho fallecían a la altura de medio campo. Pedro y Silva ocupaban tímidamente los
extremos sólo como punto de partida para sus diagonales y asociaciones también por
dentro. Monumental embudo el que se organizaba en la corona del área rival. Quizá la
insistencia en el dos contra uno en banda y el centro o el pase atrás desde la profundidad -con un 9 rematador como Negredo- hubiera dado más rédito ante un rival superpoblado
por dentro. Imprescindible para ello, ocupar en amplitud con Pedro y Silva (mejor Navas
para este cometido), y llevar el balón de una banda a otra con rápidos y precisos cambios
de orientación que evitaran la basculación para la ayuda a los laterales bielorrusos. Pasó
el primer tiempo sin inquietar la meta de Gutor por las razones expuestas.

En la segunda mitad Iniesta entró por el lateral izquierdo Monreal. España pasó a jugar
con 3-4-3. Sin laterales, se antojaba imprescindible que Pedro y, ahora, Iniesta ocuparan las
bandas en amplitud. Pero su naturaleza futbolística les llevaba de nuevo a las diagonales
hacia dentro. Aunque tarde, Del Bosque valoró la imposibilidad de Michu para participar
en el juego asociativo y pausado (por la ausencia de espacios y por sus propias
características). En el min. 57 Negredo sustituyó al asturiano. En teoría, se buscaba un 9
más tradicional capaz de rematar desde posiciones más estáticas.

Tres minutos después, a falta de argumentos colectivos e individuales para anotar, la
astucia de Xavi en un mal despeje rival rescató a un equipo conmocionado de golpearse contra la muralla bielorrusa. Era el 1-0. España anestesió el partido con una posesión estéril hasta
que en el min. 77 Negredo lo despertó con un cabezazo a la red tras un buen centro de
Ramos, culminando la mejor combinación española en el partido. Ya existían espacios. El bajo porcentaje de posesión de Bielorrusia le cobraba un alto precio en forma de desgaste físico y mental. España sólo debía poner el piloto automático para llegar hasta el final. Xavi dictaba el juego y los demás lo transcribían.

Un pase horizontal erróneo de Koke y la escasa vigilancia y tensión defensiva de España
permitieron acortar distancias a Kornilenko a dos minutos del final. El deseo de conservar
la renta pudo llevar a perderla ante un débil rival.

España, otra vez, fue incapaz de traducir su dominio en ocasiones de gol. Dio la
sensación de que escasean los recursos ofensivos, los matices novedosos para desarmar
entramados defensivos como el de Bielorrusia. Esta Selección Española ha sido
campeona con un modelo de juego excepcional, sin amplitud, ni profundidad, sin excesiva velocidad. Para nada fueron defectos, sino rasgos que Del Bosque convirtió en virtudes combinando al pié con precisión quirúrgica y un gran sentido táctico. Todo debido a la excelencia técnica y futbolística de esta generación de jugadores, y a un entrenador capaz de administrarla magistralmente. Pero, tal vez llegó la hora de abordar reformas en el juego para seguir cosechando éxitos.

*Twitter: @FDescifrado

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