La pizarra de Simeone no remató al Barcelona

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*Twitter: @FDescifrado

Para extraer y poder descifrar las razones de la supremacía rojiblanca -y sus efectos- en
la primera hora de partido, hay que elevar a la categoría de excelente el planteamiento
táctico, sorpresivo, de Diego Pablo Simeone frente al FC Barcelona.

Un sistema 4-5-1 con Diego Costa desplazado a la banda derecha en medio campo. El
Cholo armó una línea de 5 centrocampistas con Costa-Gabi-Mario-Koke-Arda 8-10 metros
por delante de su habitual defensa, colocada ésta en la frontal del área de penalty. Villa
quedaba como único delantero por detrás de la divisoria.

Había que interpretar de manera coral y con precisión quirúrgica las instrucciones de
Simeone para neutralizar el juego ofensivo del rival. Y los jugadores lo hicieron. Fueron un
equipo edificado desde la calidad defensiva, intenso, compacto, comprometido. Se
retroalimentaban de cada victoria en las batallas individuales contra un oponente obligado
a tejer su fútbol en un escenario de presión y reducción de espacios sin igual. El
Barcelona estaba ante el mejor equipo sin balón del continente. Este le ofrecía un regalo
envenenado: el balón y el terreno para después matarlo a la contra.

LOS EFECTOS

Tal disposición táctica llevada a cabo con esa actitud tan solidaria hizo estériles los
extensos registros ofensivos de su rival, que no podía manifestar la fluidez y continuidad
tan necesarias para su juego. El Barcelona no encontraba líneas de pase con calidad y
progresión táctica. Lo impedían la ausencia de espacios y la actitud defensiva en cada
disputa de los colchoneros. No podía producir superioridad numérica y posicional, no
hallaba espacios vírgenes con su juego de posición ni por dentro ni por fuera. No existían. Tampoco ayudaba un terreno de juego seco que frenaba la velocidad de la pelota.

Crucial fue la actuación de Diego Costa en banda derecha. Al sumar 5 jugadores en la
línea de medios, el Atlético de Madrid ahorraba energía en las basculaciones a las que suele
obligar el Barcelona y siempre llegaba a tiempo de encimar al receptor. Incluso los habituales
cambios de orientación de Piqué a los extremos fueron abortados por esta circunstancia.
Además, el brasileño obstruyó una de las principales vías ofensivas blaugrana: la banda
izquierda de Jordi Alba.

Añadamos dos consecuencias más de la línea de 5 medios: conseguir igualar numéricamente por dentro a Busquets, Xavi e Iniesta con la presencia de Gabi, Koke y Mario. Y reducir las distancias laterales entre los centrocampistas para dificultar la filtración de pases verticales hacia los delanteros azulgranas. Por otro lado, la cercanía entre las líneas defensiva y de medios, minimizaba los espacios e impedía la temida asociación de Messi (haciendo de falso 9) con los Iniesta, Xavi, Pedro, etc a espaldas de los centrocampistas rivales.

A partir de este entramado defensivo, continuos robos y contrataque. El Atleti no tiene una
base definida para su ataque, suele iniciarlo con más efectividad a partir de la recuperación del balón. Era el día señalado. Además, la actuación de Koke por dentro aportó capacidad asociativa y combatió la habitual rigidez que supone tanta disciplina defensiva. Así llegó el gol de Villa en el min. 12. Robo, contra con transición de calidad y volea perfecta a la red.

Ante tanta eficacia defensiva el Barcelona debió activar un plan alternativo: contratacar
tras los robos en campo propio y así evitar el repliegue del Atleti. Dispone de velocidad
arriba para ello. Pero no está en su guión este registro ofensivo. Tampoco el uno contra
uno de Messi e Iniesta prosperaba. Su pobre actuación y las continuas coberturas y
ayudas del rival lo impedían.

Se podía esperar respuesta del Tata Martino y su equipo en la segunda mitad. Apareció
Cesc por un lesionado Messi. Había que agitar la situación con este jugador indetectable tácticamente, imprevisible, dinámico. Poco después Neymar por Pedro. El brasileño con
una aportación tan anímica como futbolística también contribuiría a cambiar el panorama.

Pero fue realmente la fatiga la que acabó con el rigor táctico y la intensidad defensiva del
Atlético y en consecuencia, permitió aparecer el juego de un Barcelona menos castigado
por el esfuerzo. A la hora de partido, apareció el primer automatismo del modelo Barsa y
supuso el gol de Neymar. Demasiado botín. A partir de ahí los
culés crecerían en la misma proporción que los locales perdían fuelle. Ya el balón les
rodaba más rápido y existían más espacios para sus necesarias triangulaciones. Neymar,
Cesc y Alexis tenían cada vez más influencia en el juego.

Una vez más, el Barcelona había dosificado el esfuerzo haciendo correr el balón y no a
sus jugadores. Ahora, con el rival exhausto, lo cobraba. Así terminó gobernando el partido
y escapando vivo a la magistral pizarra de Simeone.

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Nunca debimos sacar conclusiones prematuras tan optimistas tras el primer partido de
liga del Barcelona, sin tener en cuenta la entidad de su oponente (Levante). Al Tata le
resta mucho trabajo, lo comprobamos en el Calderón.

*Twitter: @FDescifrado

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