Derrota ante Brasil por aplastamiento.

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*Twitter: @FDescifrado

Un entrenador puede plantear un partido con un ataque posicional, juego creativo a través
de la posesión y esperar que la incertidumbre del juego le sea favorable. O puede decidir
por el orden, un alto ritmo e intensidad, reducción de espacios que facilite el contacto
físico y confiar en la solvencia ante el gol de su vanguardia. También existen
innumerables opciones intermedias. Scolari, gran estratega y nada romántico del fútbol,
utilizó el camino de la agitación, de la fricción, para derrotar a España. Nunca hubiera
tomado la vía del buen trato al balón y la paciencia, no osaría jugarle con unas cartas que
los españoles manejan con maestría, -seguro que sí lo haría contra Taití-.

Y fué la extrema superioridad en el aspecto físico con sus consecuencias anímicas, más
que razones tácticas relevantes, la que convirtió el encuentro en un paseo triunfal en
Maracaná. Brasil, en un gran acierto de Scolari, llevó a España a un escenario
desconocido, donde resultó imposible tejer su juego.

Las ARMAS canarinhas en la batalla: desde el pitido inicial, elevar al máximo los niveles
psicológicos de concentración, intensidad, solidaridad y agresividad en cada disputa
individual o acción colectiva, siempre en espacios reducidos donde mejor se manifieste su
supremacía física -tanto en tipología como a nivel condicional-. Extraordinaria elección
cuando dispones de jugadores fuertes e intensos y cuentas con la permisibilidad arbitral
mientras te empleas a orillas del reglamento. Es el rédito de rodear al colegiado desde el
inicio con protestas aparentemente banales. Consigues que el silbato tiemble cuando
lleguen las acciones relevantes. Y la interminable serie de faltas no pitadas en medio
campo eran muy relevantes para España. Todo surtía el efecto deseado. Además, los
momentos estratégicos de los goles combustionaban aún más el estado anímico y
futbolístico de Brasil.

El OBJETIVO: no permitir una sola posesión larga de España. Que sin metros para actuar
y con una presión desbocada, los Xavi e Iniesta vivieran en una constante intimidación
física y emocional. Había que arrasar la zona donde nace el fútbol hispano,
imposibilitando su fluidez y sobre todo, su continuidad.

Las CONSECUENCIAS: una España aturdida, superada, sorprendida. Demasiado cuesta
abajo el cauce del partido desde su nacimiento con el gol de Fred. Para Brasil era
suficiente mantener la actitud colectiva y dejarse ir…Maracaná los llevaría en volandas
con todo a favor, hasta abatir a España por aplastamiento.

Es casi todo lo que ocurrió. Resulta difícil descifrar sucesos tácticos puntuales con
verdadero impacto en el resultado del partido. Podemos destacar la labor de Paulinho y
Luis Guztavo, inconmensurables en medio campo, evitando la conexión imprescindible de
Busquets con Xavi e Iniesta. Además, Paulinho invadía la zona del pivote español, donde
Xavi no llegaba, ahondando en la herida con sus combinaciones con Fred, Oscar, incluso
Neymar. Era un partido ideal para contar con otro pivote que ayudara a Busquets (Javi
Martínez, en ausencia de Alonso). Por otro lado, la velocidad y desequilibrio de Neymar
tuvieron gran influencia en el juego y resultado, y su diferencial se amplió cuando se
colocó por dentro.

En cuanto a España, valorar que cuando no pudo manifestar su juego fue un equipo
terrenal ante una roca como Brasil, agravado si su habitual y exigua presencia física se
encuentra mermada. Además, jugando sin bandas contra un equipo intenso y
superpoblado por dentro, Torres no es el jugador apropiado para combinar con juego al pié, en corto, con velocidad y precisión. No maneja esos registros por su elevado centro
de gravedad y su escasa velocidad gestual. Quizá Cesc o Villa podían haber aportado
algo más, seguro que también insuficiente.

Pero, en fútbol los tropiezos puntuales deben ser fuente de mejoría. Es la utilidad que ha
de darse a esta derrota. Tomemos perspectiva y conciencia de que cuando la calidad del
juego no es suficiente, el aspecto condicional, el físico debe asumir protagonismo. No hay
que despreciarlo. Reflexionemos también sobre la conveniencia de pulimentar el juego de
este equipo, de innovarlo, de refrescar sus convocatorias con savia nueva -Carvajal,
Thiago, Isco, Morata, Tello, Deulofeu, Jesé…- que aporte ingredientes distintos para
seguir perpetuando el modelo.

La Final de la Copa Confederaciones fue una piedra en la autopista que llevó a España
fuera de la calzada. Un accidente sin graves consecuencias. Nada más.

*Twitter: @FDescifrado

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