La táctica y la intimidación de Italia.

Spain's Ramos fights for the ball with Italy's Gilardino during their Confederations Cup semi-final soccer match at the Estadio Castelao in Fortaleza

*Twitter: @FDescifrado

Para descifrar por qué Italia superó a España en dos aspectos capitales, vayamos a lo
táctico y a lo emocional.

Pandelli escogió tres centrales y dos laterales para la línea defensiva y cuatro
centrocampistas, dejando arriba a Gilardino. Tal vez no imaginó a priori tanto perjuicio
como iba a causar a España con esta disposición táctica. Defensivamente situados en
posicionamiento avanzado -aunque alternaba con algún repliegue para encontrar
espacios a la contra-, reducían los espacios en medio campo donde disponían de
Marchisio, Pirlo, De Rossi y Candreva para disputar la pelota y por tanto, el control del
juego, a sólo tres españoles: Busquets, Xavi e Iniesta. Además, libraban esta batalla con
calidad táctica defensiva, densidad en la zona del balón y gran intensidad. El exahustivo
control de las distancias y la reducción de espacios impedían a Xavi e Iniesta recibir
orientados hacia porteria contraria; lo hacían de espaldas y en contacto físico con un
oponente. Imposible hacer prosperar la jugada.

El resultado, una pérdida tras otra con la consecuente oleada italiana jugando al espacio,
obligando a correr hacia atrás a España y enfrentándose a Casillas. Media docena de
veces se repitió esta situación en el primer tiempo. Las consecuencias, devastadoras en
términos de confianza, tan necesaria para los españoles. No existía velocidad, precisión
ni continuidad en la posesión, imprescindibles para edificar su juego y madurar los
partidos. Por momentos tuvo el balón, pero sin determinación, abusando de la
horizontalidad, nunca dio la sensación de gobernar el partido. Eran lo táctico y lo
emocional los culpables. Sin duda, escenario desconocido para la España de los últimos
cinco años.

Esta inferioridad futbolística crecía con la gran influencia en el juego de ataque italiano de
sus laterales, sobre todo Maggio por la derecha, que con el apoyo de Candreva,
superaban en un constante 2:1 a un Jordi Alba que no contaba con la ayuda de Silva.
Demasiados ingredientes en un cocktail llamado dominio, control del juego,
intimidación…superioridad en definitiva. Gran contribución anímica suponía esto para Italia
que le valía para perpetuarse en su supremacía durante toda la primera mitad.

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LA BAJA DE CESC

La obligada ausencia de Cesc y la presencia de Silva en el once no contribuyeron a
arreglar tanto despropósito. El catalán hubiera podido equilibrar la que pudo ser trágica
inferioridad numérica en medio campo, invadiendo esa zona y combinado con Xavi e
Iniesta. El canario estuvo poco asociativo y demasiado escorado en banda izquierda, a la
vez que taponaba las posibles incorporaciones de Alba.

Pero en fútbol, los goles no se merecen, o se hacen o no se hacen. Y los errores no
adquieren verdadera relevancia sin el aprovechamiento del rival. En la reanudación ya
nada sería igual. Del Bosque tenía que agitar, que cambiar y lo hizo. Con un viraje
magistral de la situación, primero equilibró y luego superó, hasta vencer.

La entrada de Navas por Silva y la colocación de Pedro en la derecha para taponar la
sangría de Maggio, cruciales. De una tacada, ganaba amplitud y desequilibrio y amputaba
buena parte del juego ofensivo de Italia. En la segunda parte se gestó la transición, la
vuelta de la situación, la superioridad de España; en la prórroga se manifestó y en la
tanda de penaltis se ejecutó. En la media hora añadida, el desborde de Navas, el dinamismo de Mata y la presencia y equilibrio de Javi Martínez, tuvieron noqueados a los
italianos. Ahora, a ellos les sonreía la fortuna. En los penaltis, la madurez y el acierto de
un equipo campeón hizo lo demás.

Pero, resulta aconsejable no olvidar que Italia estuvo cerca de hacer historia ganando a
esta España con dos armas: la táctica y la intimidación.

*Twitter: @FDescifrado

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