Uruguay, nueva víctima del modelo.

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*Twitter: @FDescifrado

Uruguay ya es otra víctima del modelo de juego de la selección española. Conocedores
de su inferioridad, sólo el orden, la intensidad defensiva y la eficacia a pelota parada
podían ser, a priori, sus armas para mantenerse dentro del partido.

LA CLAVE

Contra ellos, España, en una versión afinada de su modelo. Con un excelente juego
posicional, velocidad de balón y precisión que evitara el contacto físico. Ordenada a
través de la posesión, con una distancia eficaz de participación en ataque y de reacción
inmediata en caso de pérdida. Utilizaba los mismos espacios con la pelota en su poder
que para recuperarla. Generaba las condiciones defensivas futuras atacando de manera
coral y contínua. Economía de esfuerzo: la recuperación era instantánea gracias a “vivir”
junto al balón y al espíritu e intensidad con que Pedro contagiaba al equipo. Fundamental
esta premisa ante un conjunto como el charrúa que prioriza el ataque vertical tras cada
robo.

Vayamos por orden. Gran jerarquía y solvencia en línea defensiva. Ramos y Piqué con
acertadas vigilancias ofensivas y anticipaciones, fulminaron cualquier posibilidad de
intervención de Suárez y Cavani a la contra, con la estimable ayuda de Arbeloa.

Busquets, colosal en la prevención defensiva, constantemente equilibraba y ofrecía
apoyos por detrás del balón. A partir de aquí, la excelencia generalizada. Aparecía Iniesta
con un juego tan desequilibrante que traspasaba lo futbolístico y “agredía” el aspecto
emocional charrúa. Andrés, con el balón cosido al pié y una actitud dictatorial, actuaba
despacio imprimiendo al juego una velocidad tremenda; aceleraba o paraba,
arbitrariamente parecía…pero no, lo hacía en función del nivel de desorganización del rival
que él percibe como ningún otro jugador en el mundo. Xavi reafirmaba y continuaba todo,
por presencia, por categoría.

Añadamos para descifrar mejor el vendaval de juego la polivalencia posicional y funcional
de Pedro y Cesc, fueron elementos diferenciales de la selección. Escapaban una y otra
vez del corsé de la pizarra para ser imposibles de ubicar tácticamente por los uruguayos,
invadiendo las zonas de los volantes Xavi e Iniesta, creando superioridad numérica
alrededor del balón. El canario, con gran intensidad y descaro; y un Cesc vertical, pasador
y llegador, evidenciando el sello británico impreso en su fútbol que transformó su gen de
La Masía tras su largo periplo en Londres.

Soldado, en una magistral elección de Del Bosque -una más- alargaba el campo fijando a
Godín, descargaba bien con su juego de espaldas y daba continuidad a la elaboración por
dentro. Todos estos ingredientes constituían un excelente y variado juego interior que
atraía a los uruguayos para que Jordi Alba se beneficiara con sus apariciones por fuera.
Era un juego de ataque asimétrico que más aún contribuía a la desesperación del rival.

Ante tal cantidad de virtudes y riqueza táctica ofensiva, Uruguay se sentía un equipo
defensor, obligado a adoptar medidas conservadoras para evitar la debacle. Mientras la
pelota parecía obedecer a España, huía, saltaba y volaba cuando entraba en contacto con
los charrúas. Por momentos, no supo el equipo celeste tolerar y gestionar deportivamente
la impotencia de no disfrutar de ella. Era la garra contra la excelencia. En el bando español, la superación en calidad, en eficacia, de cada jugada a la anterior,
retroalimentaba la confianza del grupo, lo emborrachaba de seguridad y lo hacía infinito…

En la segunda mitad se concedió una tregua, tal vez prematura, y Uruguay aprovechó una
de sus tres únicas armas para acortar distancias: el acierto a balón parado. Suárez hizo
inútil la estirada de Casillas transformando un libre directo en el ocaso del partido.

*Twitter: @FDescifrado

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